UN CAPÍTULO DE NUESTRA HISTORIA (Ensayo)

inmigrantes.jpg                  LA GENERACIÓN DEL OCHENTA

En la república Argentina, dióse en llamar Generación del 80, al conjunto de hombres que desde 1880 y durante más de treinta años, gobernaron el país, dando contenido ideológico y político a una época de la historia nacional, plena de transformaciones económicas y sociales.
Julio Roca, Eduardo Wilde, Lucio V. Mansilla, Miguel Cané (h), Eugenio Cambaceres, entre otros, fueron protagonistas (desde el gobierno, el libro o el periodismo) de una acción consecuente, que expresó con absoluta claridad, el modelo de país agro-exportador, estrechamente vinculado al mercado inglés, a la cultura europea y abierto a la inmigración del viejo continente, para incorporar población y mano de obra a un vasto país, casi desértico, atrasado y dividido.
Imbuidos de las doctrinas de la época, eran positivistas y liberales, como lo eran las dirigencias de los países capitalistas más avanzados del planeta, en pleno desarrollo de la segunda revolución industrial.
Todos ellos, de un modo u otro, conformaron la élite de gobierno, a falta de otros emergentes sociales capacitados para el logro de los objetivos de la burguesía vernácula. Descendientes de familias ilustres, consideraron, acaso sin yerro, merecer no sólo el prestigio que rápidamente conquistaron, sino también la dirección política del país (administrada por los jefes de los grupos provinciales) y sobre todo de una participación privilegiada en los negocios que el proyecto económico desplegaba. De un modo u otro, bajo diversas banderías políticas, este ultimo tilde, de participaciones y merecimientos, serían la constante de casi todos los gobiernos en el siglo venidero.
Su proyecto de desarrollo caracterizó la organización de la economía y la sociedad desde 1880 y, en gran medida, influyó en el desarrollo posterior de la Argentina.
Sus objetivos geopolíticos fueron consolidar el poder central y pacificar el país. Estos se cumplieron durante la primera presidencia de Roca, bajo el apotegma de Paz y administración.
En el plano económico propugnaron el libre cambio, el desarrollo de la explotación agropecuaria y su integración en el mercado internacional. La alianza estratégica con Inglaterra, sus ferrocarriles y las inversiones del gran capital británico, signarían el período.
Una de las características más importantes del proyecto del 80, fue la integración de la economía Argentina al mercado internacional, en las pautas de la división internacional del trabajo, que le otorgaba al país su lugar como exportador de alimentos y materias primas, en general estable hasta nuestros días.
El primer paso hacia la unidad nacional fue la nacionalización del ejército y luego aplastar las últimas rebeliones provinciales y avanzar sobre yermo e inexplorado territorio indígena, frenando las ambiciones expansionistas chilenas. Propiciaron la ramificación del telégrafo que comunicó rápidamente al país y del ferrocarril, desde el puerto de Buenos Aires hacia el interior, facilitó el flujo de mercaderías.
El Estado Nacional ocupó, no sin enfrentamientos, los espacios que tradicionalmente ocupaba la Iglesia, tales como la educación y el registro y control de la población. Leyes como la 1420 de educación elemental, pública, obligatoria, gratuita y laica y la 1565 de Registro Civil de las personas, por lo cual se abrieron en todo el país oficinas para asentar los nacimientos, casamientos y defunciones de las personas que hasta 1884 estaban a cargo de la Iglesia.
Produjo los códigos civil, comercial y criminal; las academias naval y militar para la formación de oficiales y se dictó la ley del servicio militar obligatorio, que imponía la conscripción de los ciudadanos argentinos de 20 años.
En las postrimerías del siglo XIX, un reducido número de países aglutinaban las vanguardias políticas, sociales y económicas del orbe. Las fuerzas de la burguesía capitalista, se expresaban con toda su potencia en Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Países Bajos, Alemania y Japón. Ellos generaron la denominada segunda revolución industrial, en la cual el capitalismo adquiere su madurez definitiva, su ideología política aunada a la innovación científico-tecnológica, que revolucionaría la producción de riqueza y culminaría en 1914 con la Primera Guerra Mundial.
La electricidad, la química, la energía del petróleo, cambiarían la faz de la tierra.
En este período comenzó también la expansión imperialista de estas potencias en África, la región del Pacífico y el Asia, con el propósito de ganar mercados para sus industrias que producían mercaderías en proporciones enormes.
El resto del planeta estaba sumido en un estado casi feudal, con economías rudimentarias y un considerable atraso político y social. Esa era la realidad del mundo, que señalaban los tiempos modernos, frente a ella no había demasiados modos de oponerse a la pasividad colonial y a la desigualdad en los términos del intercambio que ello implicaba.
Francia había dejado atrás las luchas del siglo, con su tremendo saldo de millones de muertos y se erigía en república. Inglaterra expandía su imperio, los Estados Unidos no cesaban en su expansión territorial, anexando por la fuerza las ¾ partes de México, las Islas de Hawai, Filipinas y el Caribe Español. El imperio Alemán reclamaba su parte del botín Africano y el Liberalismo económico, con su máxima: laissez faire, laissez passer (dejad hacer y dejad pasar), representaba para todos ellos la ideología del Orden y el Progreso.
En ese marco histórico se debería analizar la acción de gobierno de la generación del 80. El mundo advertiría el nacimiento del socialismo recién a fines del siglo, las clases obreras comenzaban a andar su camino de reivindicaciones, los modernos criterios de justicia social y distribución de la riqueza no estaban aún planteados, de modo que aquellos hombres analizaron el mundo, las realidades del país, el estado de sus clases sociales, los sectores productivos mejor posicionados para la inserción internacional, los socios más convenientes, las alianzas geoestratégicas más útiles al proyecto nacional de entonces, las ventajas comparativas de la economía y la disponibilidad de dirigentes idóneos para llevar adelante el proceso, y a partir de allí, con visión de estadistas, tomaron las decisiones que modificarían el perfil de una Argentina que aún perdura.
En estos tiempos que corren, en los cuales se ha puesto de modo un izquierdismo a la violeta, sus cultores falsean la historia y anatemizan las políticas del pasado, las mismas que le dieron al país un lugar de preponderancia en el mundo.
Como peronistas, debemos recuperar nuestra doctrina, alejada de los sectarios que tanto daño le hacen a la república, y hallar inspiración en la tenacidad y el talento de quienes supieron fijar políticas de estado, con claros objetivos y alcanzarlos. Es el único camino para lograr una comunidad organizada.