¿QUO VADIS DOMINE?

                                                                         Ver las imágenes de origen

De acuerdo con un relato del siglo II, probablemente apócrifo, en el año 64 Nerón emprendió una de las más terribles persecuciones contra los cristianos en Roma. Pedro, quien había sido apresado y estaba temeroso de perder su vida, intentaba escapar.
Durante su huida se encuentra con Jesús, quien cargaba con una cruz en la Vía Apia. Pedro le: pregunta "¿Quo vadis, Domine?", que quiere decir, "¿Adónde vas, Señor?". Entonces, Jesús le respondió: "Voy hacia Roma para ser crucificado de nuevo".
Tras la respuesta de Jesús, Pedro se avergüenza de su actitud y decide regresar de nuevo a Roma con el propósito de continuar con su ministerio. Allí es arrestado una vez más, después de lo cual es martirizado y crucificado cabeza abajo.
Algo por el estilo nos sucede a los argentinos, en esta huida perpetua de los males que nos afligen, le formulamos aquella pregunta a la dirigencia: ¿A dónde vamos, señor? Y ante el silencio de los que mandan, sabemos íntimamente que vamos a ser crucificados de nuevo.
Tal es el destino de los argentinos laboriosos, en este país atrofiado, con la mitad de su población sumida en la pobreza, con millones de trabajadores desocupados, con su productividad anémica, sin cultura del trabajo, gobernado por una dirigencia mediocre, ignorante del manejo del estado y con el mando escindido en facciones ocupadas en satisfacer sus fines inconfesables.
A menos que a corto plazo logremos conformar una gran coalición cívica, sin otro objetivo que la unidad de los argentinos y la salvación nacional (excluyendo tan solo a los ultras y a los corruptos) el futuro es incierto.
De lograrlo, esa coalición tendrá una voz lo suficientemente poderosa para hacer escuchar su propuesta a lo largo y a lo ancho de la patria:
 Integrar, apoyar, desarrollar y educar al conjunto de las fuerzas productivas, al máximo de nuestras posibilidades.
De no hacer así, nuestro destino como sociedad seguirá estando amenazado.
Debemos elegir sin dudarlo, a gobernantes honestos, patriotas de verdad, con un único apotegma: La grandeza de la patria y la felicidad del pueblo.