¿QUÉ VOTAMOS?

                                                                                             democracia.jpg

Aristóteles hablaba de la entelequia para referirse al trabajo activo de algo hacia un fin. Así, el árbol es la entelequia de la semilla, o sea el fin hacia el cual la semilla tiende. Del mismo modo el gobierno es la entelequia del voto.
Por lo tanto, de la calidad de la semilla dependerá la calidad del árbol y de la calidad del voto dependerá la calidad del gobierno.
Dicho de otro modo, al votar dictaminamos qué poder de gobierno queremos para el país que tenemos.
Y el país que tenemos no es otro que el producto resultante de los gobiernos que elegimos, antes de ayer, ayer y hoy.
Por eso es un ejercicio apropiado mirar el pasado para entender el presente.
Había una vez, hace más de un siglo, una Argentina próspera que fue hogar para millones de inmigrantes de todos los rincones del mundo, que llegaron a estas costas, hambreados, pero con la esperanza puesta en el futuro, en un país que ofrecía educación y trabajo. Y les fue bien. De la calidad de aquellos votos resultó la calidad de aquel país que alguna vez tuvimos.
Hoy día, vivimos en un país devastado, sumido en la pobreza, en el atraso, en la violencia y la incultura. Los gobiernos que hemos tenido desde hace más de medio siglo, son los responsables del fracaso en el que la mayoría se hunde y unos pocos se salvan.
El fracaso del pasado y el fracaso del presente.
O como decía Gramsci: El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.
Es preciso comenzar de nuevo.
Es preciso educar para erradicar, con el voto lúcido de los ciudadanos, a los políticos ladrones que buscan cargos para enriquecerse y ser impunes, en nombre de cualquier ideología que les sea útil.
Educar para depurar a una justicia vil y corrompida. Educar para tener instituciones sanas.
Educar para que los trabajadores elijan representantes dignos y no sindicalistas más ricos que los empresarios para los que trabajan.
En suma, trabajar para recuperar una moral que impulse a cada ser humano a producir por lo menos lo que consume.
¿Entonces qué votamos? La respuesta es simple: Votamos los monstruos que supimos conseguir y que están vivitos y coleando.
Habrá que elegir entonces al monstruo menos dañino, hasta tanto forjemos una generación de dirigentes honrados y capaces que pondrá de pie a la República Argentina.