Prólogo de Esplendores y Miserias del Peronismo

Prólogo

 Tras el derrocamiento de Hipólito Irigoyen por los militares golpistas del general Uriburu, se produjo en Argentina la restauración oligárquica conservadora, que reimplantó el modelo social de un gobierno para pocos, elegido fraudulentamente para el buen funcionamiento del modelo de país que a ellos les convenía.

El ingreso de Juan D. Perón a la política nacional, hace ya más de 7 décadas, revirtió ese modelo donde las mayorías se repartían lo poco que quedaba del festín de los mandamases y comenzó una política de redistribución del ingreso a los sectores populares, permitió la participación política de la clase obrera, organizó y protegió los sindicatos y plasmó la idea de una gobierno que trabajara para la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria. Los programas económicos y las enormes reservas de divisas producto del abastecimiento de materias primas durante la guerra mundial de 1939/45 permitieron financiar las grandes reformas del primer mandato de gobierno.

Esos fueron los inolvidables esplendores de Perón y Evita, aunque algunos perspicaces avistaban los embriones de las miserias que sobrevendrían a lo largo de la segunda presidencia. Autoritarismo, represión, corrupción, obsecuencia, culto de la personalidad, intolerancia atravesaban la sociedad y el gobierno o era incapaz de aliviarlas o las alentaba, según las circunstancias.

Derrocado Perón en 1955  tras 18 años de exilio, algo habrá rumiado sobre estas miserias. Era un hombre inteligente, sabía mandar y que lo obedezcan. Había grandeza en partes de su alma.

Cuando regresó al país con un mensaje de unión, paz, trabajo y justicia social con desarrollo económico, pocos lo entendieron.

El país estaba asolado por bandas de criminales terroristas de facciones diversas, que pretendían imponer sus ideas a sangre y fuego. Creían que la revolución estaba en la punta de los fusiles. La reacción brutal no tardó en llegar. El golpe militar de 1976 no ahorro crímenes en el gobierno que instauraron. Una dictadura sangrienta tan feroz como aquellos que decía combatir, implementó con otros matices la restauración oligárquica conservadora.

Los herederos de Perón, usurpadores varios,  autoproclamados algunos, legitimados por las urnas otros, pero casi todos, exceptuando lo que hay que exceptuar, no estuvieron a la altura de las circunstancias. Poco hicieron por la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria. Sembraron más males que bienes y embanderados en los postulados del fundador, dieron rienda a sus ambiciones, a su codicia y a sus fines inconfesables. Estas páginas sobrevuelan esos esplendores y esas miserias, con el propósito de esclarecerme y colaborar a que otros se esclarezcan a  la luz de los tristes hechos que nos han tocado vivir.

                                                                                                                                                            Eduardo Protto

                                                                                                                                                             Julio de 2016