La rebelión de las masas

La rebelión  de las masas

 
                                                                   El centro del régimen vital del hombre-masa
                                                         consiste en la aspiración a vivir sin supeditarse a moral alguna.
                                                                                              Ortega y Gasset

 

Corría el año 1926 cuando Ortega y Gasset, el preclaro filósofo español, comenzó a publicar en un periódico español su maravillosa obra La rebelión de las masas. Comenzaba diciendo que hay épocas en que la realidad humana, siempre móvil, se acelera, se embala en velocidades vertiginosas.
He ahí algo que los pensadores K no perciben, probablemente  porque no piensan, sino que simulan hacerlo, mediante un ejercicio parecido, por demás útil para justificar su permanencia en la nomenklatura, pero nefasto para la salud de la república.
Nomenklatura era un término con el que se designaba a la élite de funcionarios y políticos del régimen soviético, surgida bajo el estalinismo y caracterizada por su influencia y poder en la gestión del Estado. Sus integrantes, pertenecientes al PCUS (Partido Comunista Soviético), ostentaron unas condiciones económicas y sociales superiores a las del resto de los soviéticos.
Siguiendo las observaciones de Ortega, en Argentina la realidad humana se acelera y sobrepasa al relato del populismo Kirchnerista, es una realidad embalada por las disparatadas acciones de un gobierno alcanzado por la gris decrepitud, ostensible en las mentiras expresadas por la presidente en dos universidades de los EE.UU. Allí negó la inflación en el país y el cepo cambiario que ella instauró, además de negar su ostracismo y su  enriquecimiento patrimonial escandaloso. Pequeñas muestras de un anecdotario voluminoso.
No extraña entonces que algunos fanáticos salgan al paso y maquillen las pústulas del régimen, subordinando el sentido común a sus fines inconfesables.
Imaginar que los estudiantes de Harvard fueron inducidos a hacer preguntas incómodas, es bastardear el prestigio de una de las dos mejores universidades del mundo. Que la presidente les responda a quienes la interrogaban sobre su sospechosa fortuna, que es producto de sus éxitos en el ejercicio de la abogacía es, por lo menos, una tontería.   
Por lo más sería una canallada, como la de espetar que las preguntas eran propias de La Matanza y no de Harvard. Omito cualquier otro comentario.
El Kirchnerismo ha hecho desde sus orígenes una maestría en canalladas, como las que surgen de las expresiones del Diputado Kunkel, cuando asegura que la inflación obedece a las perversas acciones de los formadores de precios.
Es canallesco afirmar que una emisión monetaria del 40 % anual no derrite el poder de compra de una moneda. Al emitir moneda que es un mero papel pintado y prohibirle a la ciudadanía que resguarde el producto de su trabajo en monedas confiables, la condena, bajo las fallutas consignas nacionales y populares, a un corralito en pesos y así cobrarle el impuesto inflacionario, el más regresivo y cruel,  porque afecta con mayor intensidad a los sectores de menores ingresos.
Cuando los que mandan pierden la vergüenza, quienes obedecen les pierden el respeto.
Entonces comienza la rebelión de las masas.