LA ARGENTINA MEDIOCRE

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Asistimos con estupor al triste espectáculo de la Argentina mediocre.

Las fuerzas del orden claudican ante las fuerzas del desorden. El derecho de las bestias impera y amparados por los jueces garantistas, el progresismo a la violeta, las organizaciones de derechos humanos, infectadas por la ideología de la izquierda apátrida, el narcotráfico, la politiquería, y los parásitos de fines inconfesables, arrasan con lo que encuentran a su paso, como las hordas de Alarico en Roma.

Barras bravas, piqueteros, ocupas de terrenos o viviendas, mapuches o marginales, en un mismo lodo todos revolcados, deshilachan en su furia el tejido social y muestran en toda su dimensión la vergüenza colectiva de no poder ser una sociedad de orden y progreso.

Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas es un libro escrito en 1845 por el educador, periodista, escritor y político argentino, Domingo Faustino Sarmiento, durante su segundo exilio en Chile. En él, plantea la antinomia que los estadistas del siglo XIX resolvieron de modo unívoco: Optaron por la civilización. Aquel fue el país al que vinieron a trabajar nuestros abuelos.

En el siglo XXI, los energúmenos que accedieron a las máximas magistraturas de la república en los últimos quinquenios, puestos una vez más ante aquella disyuntiva de Civilización o Barbarie, optaron por la barbarie. Y la hemos conseguido.

La Argentina se encuentra devastada por una crisis irrefrenable en lo político, en lo social, en lo económico y en lo moral. Ladrones de toda laya, encaramados en el poder por izquierda y por derecha saquearon y saquean las arcas públicas, dejando tras de sí a un tercio de los argentinos sumidos en la miseria, a otro tercio atados a la gleba de trabajos en negro y un tercio que trabaja y tributa para sostener a los bucaneros que administran el criminal disparate del coloniaje.

Los pueblos carentes de educación, de servicios de salud, de trabajo digno y productivo, sin responsabilidad cívica ni horizontes, se degradan indefectiblemente y en la ceguera de la inopia, apoyan a los tiranos que los esclavizan. En ese estado de cosas florece el negocio de los malvivientes.

Sin políticas de estado que apunten a la grandeza de la patria y a la felicidad del pueblo, los que mandan, ineptos y corrompidos, destruyen el capital humano, el más valioso del nuevo milenio y sacrifican por treinta dineros la esperanza de un pueblo por un país mejor.