EMILY Y LAS MOIRAS

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                                                                                               I

Conocí a Emily Jones veinte años atrás, cuando comencé a tomar clases de dirección y actuación en el NYETG, el Grupo de Teatro Experimental de New York, que dirigía Mona Springfield, en el viejo edificio de Waverly y la 10. Fueron cuatro años pródigos e intensos, a pesar de ser yo un ignoto y veterano escritor, un bicho absolutamente neófito en esos menesteres dramáticos. En medio de tantas bellas mujeres, era Emily la que incitaba mis más estúpidas fantasías.

Emily pasaba por ser una bella treintañera, de largos cabellos rizados y una silueta estupenda. Tomaba clases de actuación y lo hacía con perseverancia. Aunque era de trato amable, por alguna razón que desconozco nunca fuimos amigos, mal que le pesara a mi prudente determinación de serlo. Recuerdo que alguien murmuró que Emily se había divorciado tras un brevísimo matrimonio y que era secretamente devota de Safo y del amor entre mujeres, cosa que nunca me preocupé en confirmar.

El tiempo huye y cada cual siguió su camino.

Pasados los años, desarrollé una pasable destreza en la escritura teatral y con el propósito de poner en escena mis propias obras, avancé en la dirección de actores. Fueron tiempos inciertos, prolíficos y formativos, hasta que un buen día, por acción de las misteriosas fuerzas que organizan el éxito o el fracaso de las cosas humanas, obtuve un resonante suceso con una comedia llamada Los recalcitrantes, que yo mismo escribí y dirigí. Tan es así, que estuvo quince meses en cartelera en un teatro del Off Broadway.

A partir de ese éxito casual, todo resultó más fácil y logré una buena acogida de crítica y público en el Hayes Theatre de Broadway, con mi tragedia Sin rumbo fijo primero y con La malquerida, después.

Fue para ese entonces que pergeñé la idea de poner en escena, In memoriam de la difunta Mona Springfield, una pieza que había escrito años atrás, llamada Encadenados, que era una tragedia en cinco actos, con nueve personajes, dos de ellos femeninos. Sería producida, dirigida, escrita y actuada por sus antiguos discípulos. Por alguna filtración desconocida, ese proyecto, aún en pañales, corrió como agua de lluvia y comenzaron a llamarme los viejos compañeros, deseosos de participar en el homenaje a la recordada maestra de teatro.

Fue una sorpresa para mí cuando, unas semanas más tarde, L.S. (quien era el productor del proyecto) me pidió mi opinión, pues Emily le había manifestado su deseo de ser incorporada al elenco. Fingiendo indiferencia, le respondí que le dijera que me viniera a ver, una tarde cualquiera, al Cherry Lane, donde se representaba mi obra Las vacaciones de Eros.

                                                                                                   II

Un día lluvioso de mayo, el asistente me susurró al oído que Emily Jones quería verme. Le ordené que la hiciera pasar, que la ubicara en una butaca cercana y que esperara hasta que finalizara el ensayo de ajuste. Así fue…

Nos saludamos, conversamos de bueyes perdidos, hasta abordar el asunto.

__Bien Emily… Hablemos del propósito de tu visita.

__ Jack… Deseo participar en el proyecto de homenaje a Mona. Te aseguro que daría lo mejor de mí con tal de actuar en la obra.

__Hay tan solo dos protagónicos femeninos, y uno ya lo se lo hemos ofrecido a la joven Davies.

__ ¿Y el otro?

___ El otro es un personaje que te calzaría como anillo al dedo.

Su rostro se iluminó y mi olfato de perro viejo me indicó que estaba en el buen camino para reencontrarme con mis lejanas fantasías.

__ Quisiera que me tuvieras en cuenta… Sería muy importante para mí.

__ No me cabe duda __ respondí__ Eres una buena actriz y este sería un papel consagratorio para tu carrera, pero…

__ Pero ¿Qué? __ Balbuceó con un hilo de voz.

__Tú sabes que el teatro es un arte colectivo, una realización de conjuntos. No es un arte solitario, como la pintura o la escultura. El arte teatral precisa el ensamble perfecto de sus partes, una armonía que es indispensable y es directamente proporcional a la calidad del producto…

Emily me miraba, ansiosa y sin entender demasiado adonde apuntaban mis palabras. Yo proseguí con una parsimonia de jugador de póker, pues sabía que era un momento crucial.

__Tu y yo nos conocemos hace mucho. Pero es muy poco lo que sabemos el uno del otro. Nunca fuimos amigos. Confieso que yo intenté serlo. Tan es así que fui a ver un par de actuaciones tuyas en el SoHo, pero al advertir tu indiferencia, me alejé…

Ella me miraba con sus ojos muy abiertos. El desaliento campeaba en su mirada…

__ Reconozco tu valor artístico __le dije__ pero me preocupa que aquella indiferencia tuya, acaso nacida de algún rechazo o antipatía, renazca desde el pasado y aflore en algún momento futuro, durante el trabajo común y dañe la calidad de la obra. Eso es algo que no puedo permitir…

Emily respiro y mirándome a los ojos dijo:

__ Quiero que sepas que no siento ni sentí rechazo ni antipatía alguna por ti. Todo lo contrario. Aquello sucesos que tu mencionas, fueron en tiempos difíciles para mí. Yo soy lesbiana Jack… Y entonces trataba de salir del ropero y ser tal cual soy.

__ ¿Acaso la homosexualidad era incompatible con la amistad? __Le pregunté.

__ Era incompatible contigo, pues había una parte de mí que tu atraías, y me perturbaba. Pero eso es agua pasada.

Permanecimos en silencio unos segundos que me parecieron de una rara e interminable mansedumbre.

__ Agradezco tu interés y tu sinceridad Emily. Pensaré largamente en este asunto y la semana entrante te llamaré, para comunicarte mi decisión. Sea cual fuera.

Nos despedimos y vi en sus ojos una sombra de abatimiento.

                                                                                              III

Cuando llamé y le comuniqué mi decisión de incorporarla al elenco, su voz rezumaba alegría. Le propuse que al día siguiente nos encontráramos en el teatro, para participarle los detalles del proyecto y entregarle una copia del texto de la obra.

Entonces, cuando se acercaba, noté que denotaba una admirable presencia. Oculté mi emoción y en la sala desierta, la invité a sentarse en una butaca a mi lado. Finalizados unos arreglos en la escenografía, pedí luz de sala y todos se fueron. Emily aguardaba. Le hablé del trabajo que comenzaríamos en diez días. Le entregué el texto de la obra y mis instrucciones precisas.

__Es imperativo que la leas varias veces. También deseo que vengas al Cherry Lane a una función de mi obra y veas la puesta, para que tengas alguna noción de la estética tanto de mi dramaturgia como de mi dirección. Tú me dices que día vienes y yo dejaré en boletería una entrada de cortesía a tu nombre.

__Puedo venir a la función del viernes próximo_ dijo.

Bien, luego de la representación. Si lo deseas, puedes esperarme en el hall del teatro. O no. Es a tu elección. Si te quedas, te invitaría a cenar, para que me hagas una devolución del texto que por entonces habrás leído y de la obra que viste. No hace falta que me respondas ahora. Si el viernes no te encuentro en el hall, sabré que no estás.

__Allí estaré, dijo con una sonrisa.

El viernes, luego de las rutinas del fin del espectáculo, ingresé al hall y advertí que en un rincón esperaba Emily. Fuimos a cenar a un pequeño restaurant de la Greenwich Avenue. Brindamos por el futuro, hablamos del presente, me dijo cuanto le agradaba mi trabajo y a los postres, pasamos al tema de nuestro proyecto.

__Los ensayos __le dije__ serán con letra sabida, como el padrenuestro, en el Public Theatre de Astor Place.

Dijo que era un espacio que le encantaba.

__Emily __le dije__ Habrás notado que tu personaje no tiene texto. Sin embargo, eres el eje del último acto, donde gravitas sobre todas las cosas. Tu lenguaje es corporal, tu mensaje saldrá de tu piel, de tus músculos, de tu mirada… Serás una de las tres Moiras, las diosas hilanderas. Esos seres mitológicos al cual los antiguos griegos le asignaban la operación del destino y a quienes Zeus respetaba con los mayores honores.

Emily me escuchaba absorta.

__Una de ellas, Cloto, hilaba con la rueca, el hilo de la vida; otra, Laquesis, lo enrollaba, personificando a la existencia y la tercera, Átropos, que encarnarás tú, era la que cortaba, con su tijera, aquel hilo de la vida. Equivalía a la Parca Morta de los romanos.

Hice silencio, bebí un trago de vino y le sonreí. Emily permanecía absorta…

__ Shakespeare se inspiró en este mito para crear las tres brujas que aparecen en Macbeth. Habiendo dicho esto, paradójicamente, tendrás que llegar a los ensayos sabiendo un mensaje no textual. Esto significa que tendremos que hacer un par de encuentros en solitario, para fijar los movimientos y la gestualidad básica de tu mensaje, los que luego perfeccionaremos en los ensayos del conjunto. ¿Se entiende lo que digo?

__Absolutamente, me respondió.

__Aún no decido si tu personaje estará desnudo o apenas cubierto con una túnica de organza blanca, transparente, de modo tal que no oculte nada de tu cuerpo. Serás como una Venus de Botticelli, o mejor aún… Como la Psyché de Cánovas, esa escultura de mármol que está en el Louvre.

Emily me observaba, concentrada y silenciosa.

__Desearía que imagines miradas, movimientos y gestos, suaves, lentos, sensuales. Tratar que obtengas lo máximo con lo mínimo. Quiero que el público vea en esta alegoría de la muerte, algo bello. Temible por el inevitable poder de su majestad, desde luego… Pero íntimamente deseable. Quiero que hombres y mujeres del público se embriaguen y se impregnen de oculta lujuria al verte. Y quiero que tú, sádicamente, los atrapes por el cuello y los sueltes al final del acto, tan solo para que aplaudan a rabiar tu actuación.

Emily estaba como en trance y tardó unos segundos en recobrarse. Quedamos en silencio, mirándonos y apurando las copas de vino. Le dije que era hora de irnos, la acompañé hasta su auto y quedé en llamarla para organizarnos.

 

                                                                                                IV

El teléfono sonó un par de veces y respondió la voz de Emily.

__Hola Emily…

__Hola Jack…

__ ¿Llegaste bien la otra noche?

__ Si muy bien.

__Creo que fue una reunión productiva…

__ Ya lo creo… He pensado en cada palabra que dijiste…

__ Quisiera que el jueves o viernes, ensayáramos un par horas. ¿Prefieres que sea en la sala de ensayos de la Tercera avenida y la 13, o en mi casa, o quizá en la tuya? Para mí es igual…

__ Que sea el jueves en mi casa, Jack.

__ ¿Te parece a las 17 horas?

__De acuerdo. La dirección es 468 de la calle Lafayette, tercer piso, casi en la esquina de la calle 4.

__ Bien Emily… En estos dos días que faltan para la cita, necesito que actives tu imaginación. Quiero que inventes movimientos, acciones y miradas. Pero hazlo desnuda. Para que hagas tu propia catarsis de aquel pecado original, que nos desalojó del paraíso y nos cubrió de ropas. Debes olvidar la vergüenza que Dios le impuso a nuestra carne. Olvidar que nacemos y tras el primer llanto nos arropan.

Del otro lado de la línea escuchaba la respiración de Emily.

__Entonces __le dije__ debes descubrirte para descubrir tu personaje. Como siempre sucede, tu cuerpo será el instrumento para expresar tu arte…

                                                                                            *******

El viernes tomé un taxi y me dirigí a la casa de Emily. Era un pequeño y coqueto apartamento, no lejos de Washington Square. Ella lucía esplendida, a pesar de sus cincuenta y algo. ¿Cómo me vería yo con veinte años más que ella? Me pregunté, apenado…

__ ¿Quieres un trago, Jack? Tengo whisky, gin, vodka y cerveza.

__No gracias Emily. Es muy temprano para eso…

Sonrió. Vestía jeans ajustados y una blusa blanca de lino. Me sirvió café y me habló de lo mucho que se había ocupado de su personaje. Se veía contenta.

__Estuve como poseída Jack. Intenté docenas de gestos, de pasos, de miradas. Puse toda mi imaginación a tu servicio…

__ Gracias Emily. Aprecio tu disposición.

__Quiero que observes lo que imaginé y que me digas lo que tú quieres que haga con ello.

__ Así será__ le dije__ Comencemos ya…

Se ausentó unos minutos, se encerró en su cuarto y reapareció envuelta en una bata de seda negra, que contrastaba con su piel blanca como la nieve. Por un instante, sentí como que yo nada decidía, que estaba en las manos de dios. Con rostro inmutable admiré su estampa.

__Estoy lista__ me dijo y se sentó a mi lado.

 Yo me recobre del lapsus y le detallé como sería la escenografía, como ella entraría a escena, donde se ubicaría, como caminaría en derredor del lecho del héroe, como finalmente segaría su vida, alzando suavemente la cuchilla hasta el apagón final, que insinuaría apenas la acción fatal.

Ella me escuchaba atentamente.

¿Quieres que empecemos? __Le pregunté.

Ella me miró. No dijo una palabra, sonrío, se incorporó y con un movimiento lento, desanudó el cinturón de la bata y la dejó caer al piso, era esa prenda como una segunda piel de Átropos, que resaltaba su íntima y estremecedora desnudez…

                                                                                                FIN