EL TEATRO EN LA ARGENTINA DE HOY (2017)

 
Todo  cuanto pudieras hacer, hazlo sin perder tiempo, 
puesto que ni  obra , ni pensamiento, ni sabiduría, ni ciencia
serán posibles en el sepulcro, hacia el que te encaminas corriendo.
Eclesiastés

 I

Se admite que el denominado Teatro Independiente Argentino se origina en Noviembre de 1930, cuando el escritor y periodista Leónidas Barletta, fundó en Buenos Aires, dos meses después del golpe militar que derrocó al Presidente  Irigoyen, el Teatro del Pueblo, en la calle Corrientes 465.
A Barletta se lo conocía también como El Hombre de la Campana, pues salía a la calle con una campana, gritando Función… Función.
Él entendía al teatro como un instrumento de resistencia ante el fascismo por entonces en auge. Era menos un espectáculo que un punto de encuentro para actores, escritores, poetas y pintores para llevar adelante un teatro del pueblo y para el pueblo, inspirado en la obra de Romain Rolland, el premio Nobel francés de literatura.
Su actividad, proclamaba, estaría dedicada a los trabajadores, quienes vivían una realidad distinta a la de la burguesía. "Avanzar sin prisa y sin pausa, como la estrella", era el lema del Teatro del Pueblo, citando a Goethe.
Ese impulso inicial prosperó y se multiplicó en Argentina y América y constituyó un hito en nuestra cultura. La continuidad de este fenómeno cultural recibió el nombre de Teatro Indpendiente.
Roberto Arlt, quien allí  estrenó en 1932 su obra 300 Millones, solía afirmar que ningún escritor moderno podía hallar su expresión en un teatro de modos anticuados, viciado y corrompido en su esencia.
Ochenta y siete años después de aquel hecho fundacional, quienes hacemos teatro, por fuera del sistema oficial y del sistema comercial o de taquilla, nos definimos como Teatristas independientes, aún a sabiendas que la anhelada independencia siempre es un concepto relativo.
De lo que se es independiente dependerá de los yugos a los que cada quien evita someterse, sean estos de naturaleza ética, estética, ideológica, económica o política.
Quizá, hoy día, en un mundo con pocas certidumbres, nos definiría mejor el adjetivo independentista, que caracteriza a las acciones que reclaman o propugnan a una independencia, digámoslo de una vez, casi siempre inalcanzable, como la estrella.
El independentismo sería entonces menos una meta que un camino que se recorre, en el perpetuo ejercicio de no caer apresado por las cadenas de una sociedad que apunta al éxito y a la nombradía, como los estándares excluyentes del arte.
En suma, un arte nutrido de  la simpatía y el amor por la verdad,  con el cual encarnamos en personajes, a diversos tipos de seres humanos.

II

A ojo de buen cubero, hay en la población argentina un 35 % de pobres, un 50% de clases medias (Baja, media y alta) y un 15 % de ricos y muy ricos. La experiencia indica que la mayoría de los espectadores teatrales en el mundo, son las clases medias, nutridas tanto de de jubilados y obreros bien pagos, como de comerciantes, empleados y estudiantes.
La historia enseña que cuando los países se encuadran dentro de un proyecto de desarrollo nacional, político, económico y social, por lo general tienen un teatro pujante y creativo. Desde el teatro griego, pasando por el teatro romano, el Isabelino inglés, el del neoclasicismo francés o el del siglo de oro español, por citar algunos, todos han coincidido con el esplendor de sus sociedades.
Lo contrario también sucede, La decadencia de los países arrastra a las fuerzas artísticas en su caída.
En Argentina, a pesar de una crónica decadencia, producto de la mediocridad de su dirigencia política, generadora de crisis perpetuas y corrupción generalizada, prevalece una actividad teatral considerable, que no se advierte en otros países.
Al margen de los grandes teatros oficiales y comerciales, crecen como hongos tras la lluvia, innumerables salas pequeñas, para pocos espectadores, muchas de ellas inviables desde lo económico, que sobreviven con magros recursos y ponen en escena obras que se exponen una o dos veces por semana, esforzadamente sostenidas por la vocación, el talento y el coraje de una cuasi anónima gente de teatro, que a duras penas para la olla para dar rienda suelta a sus creatividades.
Es un teatro atípico en un país empobrecido. Es la paradoja de un teatro pobre pero rico, en oposición a un teatro rico pero pobre.
Grotowsky, habiendo estudiado los métodos teatrales más importantes de Europa y el mundo, no pretendía enseñarle al actor una colección de técnicas para salir de cualquier apuro. Pretendía ayudarle a  eliminar los obstáculos que el organismo impone a los procesos psíquicos. Buscaba la madurez del actor, que le permitiría alcanzar un máximo de tensión para desarmarse, perder las máscaras del mundo y en esa desnudez total del espíritu, exponer lo más oscuro del ser para iluminarlo. La suya era una técnica de “trance y transiluminación” integradora de todas las potencias psíquicas y físicas del actor. El impulso y la acción son concurrentes: el cuerpo se desvanece, se quema, y el espectador sólo contempla una serie de impulsos visibles.
Dos concepciones concretas se cristalizaron en su teoría: El teatro pobre y la representación como un acto de transgresión por un lado, en oposición al teatro rico e intrascendente por el otro, síntesis de variadas disciplinas (literatura, escultura, pintura, arquitectura, iluminación, actuación) todo ello controlado por un metteur en scene. A èste teatro lo consideraba rico en defectos.
En la mitología griega, las Cárites o Gracias eran las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad. 
El teatro pobre “existía sin maquillaje, sin vestuarios especiales, sin escenografía, sin escenario, sin iluminación, sin efectos de sonido, etc. Lo que no podía era existir sin la relación actor-espectador, en la que se establece la comunión perceptual, directa y viva"
Así desafiaba al tabú social, arrancaba la máscara y desnudaba sus más íntimas oscuridades, tornándolas transparentes y así encontrar la huella de las Cárites.
Acaso sin proponérselo, el teatro independentista argentino, esforzadamente transita su camino, entre el teatro pobre pero rico de Grotowsky y los avatares de un país rico pero pobre, como la Argentina.