EL ÚLTIMO TREN

El ocaso de una gran esperanza es como el ocaso del sol,

 con ella se extingue el esplendor de nuestra vida.

H.W.Longfellow

 
 
Era el primer domingo de Enero. Se incorporó de la cama y de soslayo miró el reloj que marcaba la 10.30 de la mañana. No evitó ojear la fecha luminosa que le recordaba su cumpleaños. Era el quincuagésimo octavo de su vida y el décimo de su menopausia.
Gerónimo dormía plácidamente. Sin despertarlo salió de la cama y se encaminó hacia la ducha. No estaba ni feliz ni melancólica. Una pesada indiferencia sobrevolaba su ánimo.
Desayunó y ojeó en el diario su horóscopo: Gracias a Venus en un signo amigable, su vida transcurriría con serenidad.
Salió a caminar por las arboladas calles del barrio privado.
En el andar, pensó y repensó algunas cosas con meticulosidad. Cada tanto, desde hacía un tiempo, su memoria era asaltada por aquel relato hermético que su padre le hiciera al cumplir 18 años.
Se sentó a la sombra de un bosquecillo de plátanos y recordó aquella escena lejana.
Lo entreveía de impecable traje oscuro cruzado, la camisa blanca de cuello italiano y la corbata a rayas con el nudo Windsor de siempre. Ese era su padre. Alto, elegante. A pesar de haber hecho una fortuna con la obra pública, conservaba en su trato la sencillez que trajo al llegar de la vieja Siracusa.
Se sentó a su lado y le dijo:
__Recordarás que cuando eras pequeña vino de visita el tío Humberto. Aquel que te regaló el pequeño acordeón rojo de botones, ese que nunca aprendiste a tocar…
__Si me acuerdo del tío y su acordeón.
__Su visita a la Argentina fue breve, apenas dos semanas…
__ ¿Por qué?
__Vino impulsado por el cobro de una deuda de honor…
__ ¿Qué es eso?
__ Un sentimiento moral que nos fuerza a cumplir lo que uno siente, como si fuera un deber.
__ ¿Y entonces?
__ Eres mi única hija y como prueba del respeto que me merece tu ingreso a la mayoría de edad, testimonio mi confianza y compartiré contigo un secreto extremo.
Esa evocación la puso triste…
Recordó aquel destello en los ojos de su padre y el tono bajo de su voz, esa voz que aún vibraba en sus oídos, a cuarenta años de distancia.
__ Éramos seis hermanos, tres mujeres y tres varones. Mi hermanita Letizia Prima, la menor, melliza de Humberto Segundo, se había enamorado de un mozo de Belvedere, un pueblo vecino, en la montaña. Creyó en promesas que no fueron cumplidas. El mozo la abandonó y emigró a Buenos Aires.
Letizia, embarazada de tres meses, se ahorcó. Ese drama desbarató a la familia.
Mi padre desatendió sus negocios y ahogó en el alcohol su desconsuelo. Yo me vine a la Argentina y arduamente pude hacer la América.
__ ¡Dios, qué tristeza!
__ El tío Humberto llegó a Buenos Aires el 5 de Septiembre de 1958.
__ Parecía un Rey Mago cargado de regalos…
__ Un par de semanas después, festejamos con un asado el día de la primavera y el 23 se embarcó en el Andrea C, rumbo a Génova, para regresar a su casa.
__  Fue un viaje relámpago. Sin duda quería conocer a tu familia...
__Sin duda, pero otros motivos lo impulsaban.
__ ¿A qué motivos te referís?
__ A los que conforman el secreto que compartiremos
Un silencio denso se interpuso entre padre e hija. Encendió un cigarrillo y le dijo:
__ El tío Humberto, desde su llegada, se levantaba temprano y salía sin decir nada. Durante una semana se informó de todos los movimientos de G.P. Sabía de él vida y milagros.
__ ¿G.P.?... ¿Qué es eso?… ¿Qué significa?
__Son las iníciales del nombre y apellido de aquel novio que abandonó a nuestra hermana.
Otro silencio enorme cayó sobre ellos…
__ No entiendo…
El 19 de septiembre, una noche lluviosa y oscura, Humberto lo esperó a la salida de su oficina. Cuando G.P. se aprestaba a subir a su auto, subrepticiamente se abalanzó sobre él y le dio dos certeras puñaladas en el pecho, enviando al infierno al canalla que deshonró a Letizia.
Se alejó bajo la lluvia, como un ángel justiciero… exterminador.
Dos días después regresó a Italia. Estaba en paz pues había lavado la ofensa…
La mujer entrecerró los ojos y permaneció hundida en el pasado. Al rato, el gorjeo de unas palomas la expulsó de su ensimismamiento.
Cuando regresó de la caminata el sol estaba alto y el canto de las chicharras abrumaba con su concierto estival.
Ese sonido la devolvió por otro instante al pretérito, cuando en el campo, su padre, ya gravemente enfermo, le contaba cosas de la vida de las cigarras…
__Durante los períodos de apareamiento, las cigarras machos emiten unos sonidos muy estridentes para atraer a sus compañeras. Los mismos se realizan con unas estructuras que tienen a sus costados, que funcionan como cajas de resonancia. 
Y agregaba:
__ ¿Sabés  que su sonido está en el límite de lo que un humano puede oír sin dolor?  Debemos aprender de ellas. Nunca hay que sobrepasar ese límite, para no dañar.
Al llegar a su casa suspiró hondo, atravesó el jardín y vio a Gerónimo tomando sol, con una copa de whisky a su lado.
Se acercó en silencio y por detrás de la reposera le acaricio el cabello…
__Me cambio y regreso enseguida. Preparame un trago.
Se alejó y le pareció que descendía del último tren hacia la dicha.
Cuando volvió, Gerónimo, joven y bello, nadaba. Sobre la reposera había una pequeña caja de regalo y una tarjeta con su nombre. Sonrío. Al abrirla vio un lindo par de aros de plata con esmeraldas.
Se tumbó al sol, que silencioso comenzó a recorrer su piel.
Esa noche, acabados los festejos, luego de la cena con amigos y familiares, una vez despedido el último invitado, ambos estaban sentados en el living, bebiendo la copa postrera. Ella miró con fijeza a los ojos de Gerónimo y le dijo:
__ A mis 58 años he entendido el significado de la palabra honor y a lo que obliga.
El, casi indiferente, la escuchaba sonriendo.
__En esa inteligencia, quiero que mañana por la mañana empaques tus cosas y te marches.
Calmada, sin alzar la voz, agregó:
Pasá por la oficina, ya está todo arreglado. Cobrá tu indemnización y desaparecé para siempre de mi vida. La empleada con la que me engañás acaso te sirva de consuelo. Ambos compartirán cama y desempleo.
__ ¿Qué decís?…
__ Digo que tenés suerte. En otros tiempos y en otras circunstancias esto concluiría de otro modo.
El rostro de Gerónimo se tornó lívido.
__ Temprano, dentro de algunas horas, dos personas robustas se encargarán de despertarte y corroborando que no te olvides de nada, te acompañaran hasta el taxi.
Apuró el trago. Se puso de pie. Miró al tipo con desprecio y salió de la casa.
La luna llena iluminaba el sendero que llevaba al garaje.
Subió al auto, lo puso en marcha, encendió la radio y escuchando la voz de Sinatra cantando The moon was yellow, se encaminó a un buen hotel del centro para pasar la noche en soledad.