Autocrítica y Superación (Ensayo)

AUTOCRÍTICA Y SUPERACIÓN
La crítica (del griego kritikós: capaz de discernir) se define como el conjunto de opiniones expuestas sobre algún asunto determinado y también como el acto de juzgar acerca de la bondad, verdad o belleza de las cosas. Algunos abundan sobre el tema y disciernen entre críticas constructivas y negativas, además de aquellas que se dirigen a lo ajeno o bien a lo propio. En este último caso hablamos de autocríticas.
Sea de ello lo que fuere, las críticas propias o ajenas conllevan, cuando proceden de una búsqueda sincera del bien común, una parte de dolor egoísta ante el reconocimiento de la falta y otra parte de coraje personal al empeñarse en la superación y rectificación de las conductas equívocas.
La filosofía de Epicuro ponía el énfasis crítico en la búsqueda de la sabiduría, que era en realidad conocimiento (o autoconocimiento) entendiendo que son inseparables de la subjetividad concreta en que está arraigada.
Cuando la declinación de las sociedades adquieren un carácter prolongado, ya en el tiempo, ya en el espacio, arrastrando las secuelas de miseria y desamparo en gran parte de sus miembros, esa situación, excluidas las catástrofes naturales, obedece por lo general al accionar de los hombres, y muy en particular a la acción política, definiéndola como la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio (o perjuicio) de la sociedad.
En el caso particular de la República Argentina, es uno de sus rasgos más notorios la decadencia manifiesta. Así pasó de ser uno de los países más ricos y prósperos del mundo, que brindó oportunidades a propios y a millones de inmigrantes que arribaron a sus costas, a esta nación escuálida, escindida por la pobreza, el atraso, la corrupción y la mediocridad, como producto inocultable de una praxis política ineficiente, cuando no rayana con la alevosía.
Resulta entonces imprescindible que aquellos políticos, que habiendo intervenido de modo conspicuo en los asuntos del estado en las últimas décadas, hagan, llegado el caso, un proceso de autocrítica que los lleve a establecer con precisión los errores cometidos, paso necesario para la corrección de los mismos y la impostergable reparación de sus consecuencias, las cuales saltan a la vista.
Esta metodología, plena de sabiduría y valor moral, aportaría una energía inusual procurando reconciliar a políticos y ciudadanos comunes, a más de iluminar la conciencia social y colaborar de tal modo a una práctica cívica colectiva, responsable y consistente.
El ejemplo de los grandes hombres ha sido una guía insustituible en los destinos de las grandes naciones. Y la grandeza de ellos radicaba tanto en el conocimiento del medio en que actuaban, como en los áureos principios que los impulsaban. Al diseñar sus tácticas y estrategias no se apartaban un ápice de la vocación filantrópica que subyace (o debería subyacer) en toda acción política. La honestidad ética e intelectual, el reconocimiento personal de las falencias humanas y la vocación por exponerlas al público y trabajar sobre ellas para superarlas, resultan, en estas horas aciagas para la patria, la herramienta imprescindible para recuperar los liderazgos que tanta falta hacen.