ARGENTINA: En busca del tiempo perdido...

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Si como dicen el tiempo es oro, una de las causas de la pobreza de nuestro país sería el tiempo perdido década tras década.Durante casi todo el siglo XIX anduvimos sin rumbo fijo en busca de la organización nacional. Un sinnúmero de sucesos (Revolución, guerras de independencia, pulseadas por la monarquía o la democracia, por la confederación o la república, por la constitución o los pactos preexistentes, por la unificación del territorio o el país ínfimo para pocos, por una política exterior de aislamiento o de intercambio) consumieron 90 años. ¡Nueve décadas para un mero esbozo de país!

En esa inteligencia, el siglo XX lo derrochamos discutiendo aquel esbozo de país y buscando su organización política. Fueron 50 años de dictaduras y vigilancias del partido militar y otros cincuenta con ensayos democráticos del Peronismo y el Radicalismo.

Probablemente consumiremos este siglo XXI para establecer la organización económica. Discutiremos, al estilo de los bizantinos, si somos capitalistas o anticapitalistas, estatistas o librecambistas, si de izquierdas o de derechas y cuando nos queramos dar cuenta, estaremos ahogados en la inopia y seremos inquilinos de un conventillo del mundo, que para entonces habrá evolucionado hasta horizontes hoy inconcebibles.

Los países desarrollados emplearon un tercio del tiempo argentino en la organización  simultánea  de las cuestiones institucionales, políticas y económicas. Los EE.UU. entre 1776 y 1865 resolvieron los tres asuntos que nosotros aún discutimos desde hace 220 años.

Aquí los que mandan se distraen y los que obedecen también.

Mientras deliberamos si Maldonado fue un mártir de la redención indígena desaparecido por la tiranía o un ilegal fugitivo ahogado por sus propias torpezas, mientras vacilamos entre la conservación o la entrega de la Patagonia a los Mapuches o a los Onas, o mientras rumiamos si los K son traidores a la patria o sus salvadores, el resto del mundo sigue andando, gira velozmente, recuerda y aprende, pero da vuelta las páginas de su historia. Programa su futuro, investiga, se tecnifica, educa, protege, reduce la pobreza, abre puestos de trabajo digno, se ampara en la ley y combate lo que queda fuera de ella. Y además trabaja minuciosamente en su geopolítica, pues sabe desde hace mucho que toda política es al fin y al cabo, política internacional.

Ellos saben que los reyes magos no existen, Nosotros les seguimos escribiendo cartitas cada seis de enero. Queremos las cosas sin pagar el precio que ellas reclaman. He ahí nuestra tragedia.

Es el drama de la Argentina TITANIC: Bailamos en la cubierta mientras se nos acerca el iceberg del porvenir. Perdemos miserablemente nuestro tiempo y acumulamos frustraciones.

Desoímos el “Argentinos a la cosas” que nos aconsejaba Ortega y Gasset y no le creímos a Perón cuando afirmaba que “Nadie se realiza en un país que no se realiza”.

Si la sociedad no se transforma el porvenir es sombrío.